Señor Director:
Esta es una carta publicada en El Mercurio de hoy sábado 16 y que se refiere al estado de deterioro de la Playa grande de Togoy, opinión que comparto absolutamente.
El texto de la carta es el siguiente:
Desde el año 1991 vengo todos los veranos un par de semanas a Tongoy. Este pueblo de 4.500 habitantes, que nació primero como fundición y puerto de embarques de cobre del yacimiento de Tamaya, y que contaba a mediados del siglo XIX con un ferrocarril y un puerto, ubicado en la península, vive actualmente de la pesca, el cultivo de ostiones y el turismo.
En estos 22 años he visto transformarse lentamente esta caleta de pescadores, la cual afortunadamente, pese a los cambios y a la avalancha de nuevos veraneantes, aún conserva sus más entrañables cualidades.
Las compras se siguen haciendo en pequeños almacenes, el pan se encuentra en la panadería, el pescado y los mariscos en la caleta, y el mejor lugar para comer continúa siendo el Negro el Cero.
Dos veces por semana hay feria, donde se pueden encontrar frutas, verduras, plantas, ropa, herramientas, música, libros y juguetes.
Como todos los años, se sigue instalando un parque de diversiones al lado de la playa, y continúan viniendo dos o tres circos por temporada.
El pueblo ha progresado en términos de pavimentación, limpieza, infraestructura pública y calidad de las construcciones, pero desgraciadamente en la calle que va a la caleta, se han perdido casi la totalidad de las mejores casas de veraneo, salvo honrosas excepciones como la casa Pizarro.
Esta degradación se ha debido principalmente al tránsito causado por un estacionamiento absurdo, en lugar de dejar esa calle como un estupendo paseo peatonal al lado del mar.
Pero en todos estos años, en que esta caleta ha sabido equilibrar más o menos dignamente el desarrollo con el cuidado de su identidad, ha surgido una actividad productiva, que a pesar del empleo y las utilidades que genera, ha sido altamente contaminante desde su origen. Se trata de los cultivos de ostiones de empresas que, pese a la ley vigente, cuentan con la negligencia crónica de los responsables de fiscalizar, por lo que tienen a la Playa Grande de Tongoy transformada literalmente en un basural.
Esta magnífica playa de 12 kilómetros de largo, bañada por suaves olas, protegida del viento sur por la punta Lengua de Vaca, une a Puerto Aldea con Tongoy. En ella desembocan tres esteros con sus respectivos humedales, que dan refugio a una enorme cantidad de aves estacionarias y migratorias.
Resulta indignante que respecto de este patrimonio natural, tanto la Capitanía de Puerto como la Delegación Municipal sean permisivos con las empresas y permitan éste y otros delitos crónicos como son los campings ilegales y el tránsito de autos y motos por la playa, conducidos muchas veces por menores de edad.
En estos años yo personalmente, así como un sinnúmero de vecinos, hemos reclamado sistemáticamente una y otra vez a las distintas autoridades, las que derivan la responsabilidad unas a otras, sin que nada realmente cambie.
En el mejor de los casos se logra que a mediados del verano un par de camiones pase recogiendo un pequeño fragmento de las montañas de residuos acumulados, pero cada vez que bajamos a la playa, debemos cuidar que un auto o alguna moto no atropelle a nuestros niños mientras se bañan o juegan en la arena.
MATHIAS KLOTZ ARQUITECTO

