Responsabilidad de los padres en la educación de los hijos.

Karina Villarroel

Karina Villarroel

Diversas investigaciones han dado muestra de cómo la articulación entre familia y escuela favorece mejores aprendizajes, y han relevado el valor e impacto que tiene la familia en el desarrollo y aprendizaje de los niños y niñas. A partir de lo anterior, es que se promueve, en el sistema educativo, la participación de padres, madres y apoderados, pero ¿cómo entender esta participación?, ¿cuáles son los roles que caben a padres y educadores?.

Debemos dejar de pensar la participación como asistencia a reuniones o mera cooperación, participar implica la posibilidad de incidir, decidir, opinar, aportar, tomar decisiones y discutir en torno a un objetivo común, en este caso la educación.

La familia, como núcleo que acoge afectivamente e influye en la formación personal y social de sus hijos, ha de cubrir las necesidades que la persona tiene desde el nacimiento, esto lo hace a través de distintas funciones, entre ellas la función socializadora y educadora, a través de las cuales se transmiten y ofrecen espacios para el aprendizaje de valores, hábitos, creencias y la posibilidad de los niños – como sujetos personas- de construir cultura e identidad, entre otras.

A los agentes educativos formales nos corresponde la tarea de “educar”, sacar fuera lo mejor de los niños, sus fortalezas, sus potencialidades, pero ofreciendo espacios de participación, ateniendo a la diversidad de familias con quienes se trabaja (diversidad en su estructura, en sus horarios de trabajo, en sus creencias, en su cultura local). Los educadores debemos ofrecer espacios para el trabajo colaborativo, complementario y articulado, de manera que el proceso de aprendizaje de los niños sea significativo, eficiente y efectivo.

Probablemente, los errores que hemos cometido se encuentran en el plano de la comunicación, el liderazgo y los espacios de encuentro. Cuántas veces nos detenemos en lo negativo de los estudiantes por sobre sus fortalezas?, en que oportunidad comunicamos qué y cómo aprenden los niños y jóvenes?, cuántos espacios de encuentro podemos destinar de nuestros tiempos laborales a la articulación con las familias. Y por otra parte, cuántas veces las familias dejan bajo nuestra responsabilidad la formación personal y social de sus hijos?, en qué momento podemos compartir y consensuar el rol que a cada agente cabe en el proceso de aprendizaje. Al parecer estamos en un sistema que segmenta y separa, que atribuye responsabilidades a uno y otro, descuidando la esencia de lo importante, la formación de niños y jóvenes de hoy.

Lo importante es construir una práctica de participación que aporte al aprendizaje de niños, niñas y jóvenes. Estamos llamados al desafío de ser protagonistas de un cambio cultural, en medio de la crisis educativa, una transformación en la que se abran mayores espacios de compromiso y participación.

Karina Villarroel,

Directora Educación Parvularia UNAB

N. del E. : esta columna es en base a una carta que circula en internet escrita por un padre a un profesor donde indica que la “educación del hijo es responsabilidad del profesor”. Adjunto link.

http://www.biobiochile.cl/2013/04/10/la-educacion-de-mi-hijo-es-su-trabajo-la-polemica-carta-de-un-padre-a-un-profesor.shtml