Días atrás apareció por mi barrio, en la población Fray Jorge, una bandada de loros tricahues que al atardecer se instala sobre los cables del tendido eléctrico con gran alboroto, alterando la habitual tranquilidad del sector.
Su objetivo son los arboles de algarrobo que hay en el interior del recinto de la planta pisquera de calle Yungay, así como los existentes en la avenida La Chimba, frente al estadio. Y es posible observarlos desde entonces, con bullicio de párvulos en recreo, intentando obtener las semillas como alimento.
Los vecinos los observan con asombro y simpatía, en especial los niños a los que les llaman la atención su colorido plumaje y carácter extrovertido. Son ocho o diez, pero meten bulla como por cincuenta.
Hoy me enteré por Facebook de la denuncia efectuada por un usuario de Facebook el pasado viernes de personas que en la Villa El Portal los están cazando con rifles. “No puede ser que acá en en la villa el Portal de la segunda etapa…cuando pasan la bandada de Loros, haya vecinos que sacan sus rifles y disparan hasta matar…que pena los ignorantes mal nacidos..”, dice con indignación.
Es que es para indignarse.
La presencia de los loros en las ciudades no es fortuita. Obedece a que sus hábitat en zonas precordilleranas, cerca de los barrancos en los que anidan, están siendo copados por el hombre, ya sea para construir viviendas, o arrasar con la flora nativa con el propósito de instalar en las laderas de los cerros cultivos de distintos frutales. Y al faltar su alimento, ellos se ven obligados a emigrar hacia los valles.
Y no obstante que su caza y captura está prohibida hay personas que persisten en su captura con fines comerciales, por ejemplo depredando sus nidos de polluelos y juveniles; otros que los matan para “defender” sus cultivos del ataque de estas aves que han sido erradicadas de sus lugares de vida habituales donde estaba su alimento.
Ahora llegan a las ciudades en busca de alimento, pero esta vez son sujetos que los cazan sin ningún sentido, sólo para divertirse.
Sería importante que estas denuncias sean acogidas, aunque sea de oficio, por carabineros y en especial por el SAG para identificar a las personas causantes de estos atentados para sancionarlos como corresponde.
Tenemos que defender a esta hermosa y particular ave que es tan característica de nuestros campos.
M.B.I.


