En medio de lo que hemos vivido como Iglesia las cuales nos han tocado y nos ha movido con todos estos acontecimientos que perturban y nos saca de lo verdadero, es bueno descubrir que la Palabra es el verdadero sendero donde poner nuestra vida y ser fieles en la fe con nuestro actuar descubriendo en cada minuto de nuestra vida a este Dios misericordioso y lleno de amor que en situaciones nos toma para que podamos sacudirnos de la arrogancia, del poder que nos ha nublado como Iglesia y empezar a cimentar como las primeras comunidades que traspasaban su amor en comunión.
Entramos en este tiempo de Adviento que viene del latín “adventus” que significa “llegada”. Adviento nos prepara para la llegada del Señor.
Es un tiempo para vivir la fe como alegre esperanza; es un tiempo para sentir a Dios como futuro absoluto del hombre y de la mujer. El cristiano se prepara a la venida de Jesús, haciendo una real renovación de su vida.
Es también para aprender a orar personalmente, en familia y en la comunidad cristiana, de corregir nuestros comportamientos dañinos y egoístas, de reconocer la presencia de Jesús en medio de su Iglesia.
“A ti, Señor, levanto mi alma; Dios mío, en ti confío, no quede yo defraudado. Que no se burlen de mí mis enemigos; pues los que esperan en ti, no quedan defraudados” (Sal 24, 1-3)
Está en nosotros poder enderezar nuestra vida en la relación familiar que se nos va desviando de una amorosa y comprensiva convivencia hacia una mera coexistencia pacífica, esas actitudes media chuecas que nos dificultan el amor, desterrémoslas para dejar de lado esas acciones que muchas veces tenemos enquistadas en nuestra vida, valorar la vida con todo lo que Dios ha puesto a nuestro alcance, fortaleciendo la relación en nuestro hogar, descubriendo en cada instante lo hermoso que es vivir.
Como vamos preparando esta espera sabiéndonos que muchas veces no solo basta con cumplir los mandamientos de Dios; hay, además, que practicar las obras de misericordia, preocuparnos de nuestro entorno familiar y de mejorar nuestra vida interior.
Si algo no cambia en nuestra vida en este Adviento, no estamos preparando los caminos del Señor.
Haz que esta luz ilumine y poder descubrir el misterio de amor y liberación para así germinar semillas de comunión porque tú eres quien nos guía fielmente por caminos de excelencia, fortaleciendo nuestros pasos cuando nuestra caminata se hace difícil y pesada.
Tú, mi Dios eres luz, amor, por favor alumbra mi oscuridad y guíame hacia la Esperanza. Oscuridad es mi noche te siento muy lejos de mí. Pero, quiero seguir creyendo que tú fuerza está en mí. Cuento con tu luz y tu amor para cada paso que debo dar.
Hugo Ramírez Cordova.