En busca de los comienzos de Chile, de Juan Francisco Lecaros muestra que más allá de los documentos que fijan la historia en papel, existe una geografía anterior, la más áspera del continente, que impone sus coordenadas.
En busca de los comienzos de Chile (Ediciones B) de Juan Francisco Lecaros es una travesía física e intelectual por esos caminos iniciales. Lecaros recorre los paisajes que forjaron el país y revive las historias que nacieron al alero de esos senderos. Desde el Camino del Inca hasta el paso por donde atravesó el Ejercito Libertador, cada etapa de este viaje ofrece una visión renovada sobre los orígenes de Chile.
Juan Francisco, En busca de los comienzos de Chile oscila entre la crónica y el ensayo. ¿Qué se ha propuesto usted?
“Justamente, la oscilación que hábilmente detectas tú. A mí me llama mucho la atención la narración oral. Cuando te cuentan un cuento pones una especial atención. Desde niño me gustaron los cuentos y creo que requiere una habilidad especial ser un buen contador de cuentos. Y si te fijas, respecto a tu pregunta, los cuentos tienen mucho de crónica y de ensayo. El narrador no siempre es objetivo. Por honestidad intelectual, eso sí, la parte de ensayo, digámoslo así, debe estar claramente distinguido de la historia objetiva: lo otro sería distorsionar los sucesos y eso, por supuesto, es algo muy grave”.
¿También es un viaje personal suyo?
“Si, definitivamente. Voy a los lugares de los que escribo. Por supuesto leo mucho, pero, sobre todo, trato de revivir las escenas poniéndome, en la medida que puedo, en el lugar de los hechos y en los zapatos de los protagonistas. Siempre me ha gustado la historia de suelo a cielo. Partir de las geografías y las personalidades de los actores para después apuntar a los ideales que los inspiraron. Me da la impresión de que este es el coctel de lo humano y así se cocinan los hechos”.
¿Cómo fueron sus años de formación?
“Fui empresario muchos años y también fui, y permanezco siendo, hombre de fundaciones, del no lucro. Por razones laborales, de uno y otro signo, viajé mucho a las regiones y me enamoré de sus geografías, de sus paisajes tan singulares”.
¿Qué quiso decir Gabriela Mistral cuando señaló que Chile era un tropiezo?
“Gabriela Mistral es para mí una fuente infinita de inspiración. Ella fue una poeta muy terruña y muy amante de la historia de Chile. Entendió que Chile tiene una geografía tan bella como adversa. No se confundía. Tiene muchos decires relativos a esto. Hay uno que me encanta; decía que en Chile los frutos nunca son fáciles. ¿No es esto una gran verdad?”
LOS PRIMEROS HABITANTES
Juan Francisco Lecaros (Santiago, 1954) se ha dedicado a recorrer Chile en los últimos años, investigando sus historias y explorando los paisajes. En el año 2023 publicó En busca de las entrañas del hielo, sobre la epopeya de la Antártida.
Juan Francisco, ¿quiénes fueron los primeros habitantes de Chile?
“Difícil pregunta la del quiénes. Es más fácil especular acerca del cuándo. Las investigaciones indican que el primer habitante que llegó nuestro suelo fue el hombre de Monte Verde descubierto en Puerto Montt. Esta es una hipótesis muy interesante porque plantea que el hombre americano es previo a lo que se sostuvo durante muchos años. Llegó alrededor de 15,000 años antes del presente. No se sabe mucho de este primer hombre. Se conocen sus herramientas, algo de sus vestimentas, comidas y se concluye una cierta organización social. Ahora bien, si aceptamos la tesis de que todo poblamiento llegó por el norte, el hombre atacameño debió haber sido previo al de Monte Verde”.
¿Qué importancia tuvo el mundo de los changos?
“Yo elegí abordar el mundo de los changos precisamente por la frugalidad de sus vidas y la dificultad que tuvieron para habitar un territorio. Hay que pensar que ellos vivían entre al sur de Arica y al norte de Coquimbo aproximadamente. Esta es una estrecha franja de tierra que va entre la Cordillera de la Costa y el gigantesco Océano Pacífico. Los changos vivían en condiciones paupérrimas: sin agricultura de ninguna especie, sin lluvias, con una falta de agua que amenazaba la vida humana. Al comienzo se alimentaban de la recolección de lo que les dejaba el mar, pero en etapas más avanzadas, crearon embarcaciones con los pocos elementos de lo que disponían. E hicieron algo sobresaliente. Se internaron mar adentro hasta cazar o arponeas ballenas. Ese gigantesco animal en la playa constituía una fiesta para la población. Fue tan significativa esa caza que la grabaron en las rocas con pinturas que resisten el paso del tiempo. Están hasta hoy en las quebradas de la Cordillera de la Costa”.
Usted recorrió el camino de los incas. ¿Cómo fue esa experiencia?
“Tal cual dices tú el camino del Inca es, sobre todo, una experiencia. Vas por la mitad del desierto en una huella angosta, en medio del paisaje más inhóspito que puedas imaginar. Solo o sola. Todo esto en un marco bellísimo. Es la belleza del despojo A esto se le agrega la noción de que transitas un camino fundante de nuestro país”.
Ha señalado: «No soy de archivo, soy de pies y camino. Leo, selecciono y luego trato de entrelazar historia y territorio». Más que historiador, ¿se acerca más al trabajo del etnógrafo?
“No, no soy un etnógrafo; no quiero ambicionar cosas que no soy. Tampoco soy un historiador. Lo que pretendo es algo simple, aunque nada fácil de lograr: que el lector ame lo que lee. Que se enganche con la historia y con esos personajes tan llenos de contradicciones. Que admire la vida dura que tuvieron. Que reconozca la hazaña inicial y la belleza sobrecogedora con que se fraguó nuestro país. Quisiera contagiar al lector de lo que me pasó a mí. Un gran asombro. Yo sabía en términos generales la historia, pero creo que lo que más llama la atención son estos personajes arrojados a una geografía mata hombres, tras un proyecto audacísimo que por supuesto, no resiste ningún cálculo”. El libro recorre el sendero que alguna vez recorrió el Ejército Libertador. ¿qué dificultades tuvo que enfrentar esa hazaña?Bueno para recorrer el trayecto del Ejército Libertador hay dos opciones: la primera, la más accesible, es al Cristo Redentor en la cumbre del camino de Los Andes /Mendoza. El paisaje es maravilloso, pero vas por un camino pavimentado que no te trae ningún recuerdo de la gesta de los Andes. La otra opción es irte al Paso de Los Patos”.
Es un sendero que usted recientemente recorrió. ¿Cómo lo vivió?
“Si, por allí paso la principal columna del Ejercito Libertador tanto en número como en jerarquía. San Martín y O’Higgins cruzaron por ahí. Yo no he hecho todo el cruce, vale decir, desde Mendoza a Chile. Lo que sí hice fue el tramo chileno que va, desde El Resguardo de los Patos, en la cercanía de Putaendo, hasta el hito fronterizo.Es una experiencia verdaderamente maravillosa. Te vas en mula hasta el paso de Valle Hermoso (Los Patos). Son unos cinco días en total. Te diría que ha sido una de las experiencias más bellas que hecho en materia de senderos. Te metes en la cordillera bruta, en la magnitud extraordinaria que tiene, y entiendes entonces aquel verso de nuestro himno nacional: majestuosa es la blanca montaña. Sí, la montaña es majestuosa blanca o con todos los colores de la paleta en el verano. Te sientes una hormiguita. Y cuando tomas conciencia de qué por esas por esos senderos, por esa huella cruzaron tres mil personas, miles de animales, pólvora, vestimenta, alimento, fardos, cañones etc. realmente tomas conciencia de la dimensión de lo que fue el cruce de los libertadores”.
¿Qué nuevos senderos estudia para recorrer aspectos de Chile poco conocidos?
“Actualmente apuntando a dos. Estoy investigando y explorando el camino a Mendoza, precisamente por Portillo, que tiene una característica muy especial: a finales del 1700 y en el 1800 se construyeron unos refugios llamados, las Casuchas del Rey, que tenían la función de dar albergue a los comerciantes y viajeros que cruzaban la cordillera. Las tormentas en la cordillera son repentinas y a veces los viajeros debían permanecer días en esos refugios. Las casuchas, la mayoría en ruinas, tienen una bella historia. Cobijaron a Bernardo O’Higgins y su familia y a Jose Miguel Carrera cuando huían de la reacción realista después del Desastre de Rancagua. También fueron ocupadas por Domeyko y por Darwin, entre cientos de otros viajeros y comerciantes que optaban por esa vía para ir a Argentina. Las casuchas fueron pintadas por Rugendas en uno bellos cuadros que han servido para dar con la ubicación de las ruinas. Además de las casuchas hay otro asunto que merece toda nuestra atención. Los restos del tendido del Ferrocarril Transandino. Es otra obra mayúscula de ingeniería, llevado a cabo a comienzos del siglo XX.
Y lo segundo es que estoy, es conociendo más sobre el sendero desde Salta (Argentina) a Iquique Antofagasta y Taltal en época de las salitreras. No hay que olvidar que, en el apogeo de la industria del nitrato, en las oficinas de la pampa vivían unas doscientas mil personas y buena parte del alimento llegaba entonces desde Argentina. Esto fue otra gran obra. A comienzos del siglo XX se registraron hasta veinte mil cabezas a de ganado anuales que atravesaban la cordillera y desierto para alimental al obrero del salitre. Se trató de una serie de arreos por una región imposible más estéril para el ganado. Hay que ver la desolación de esos paisajes para calibrar lo que esto significó.
Mario Rodríguez Órdenes


