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OpiniónHOY: La prueba internacional del nuevo gobierno

El desafío económico más complicado del nuevo gobierno no está solo en la agenda interna, sino también en el tablero internacional. El 2026 combina fragmentación comercial, shocks geopolíticos y un cambio tecnológico que reordena las cadenas de valor. Para una economía pequeña y abierta, la tarea no es “aguantar” el vaivén global, sino convertirlo en estabilidad interna y en un salto de inversión y productividad.

El comercio mundial sigue moviéndose, pero con menos tracción y más fricción. Las empresas diversifican a sus proveedores, los países elevan barreras y la incertidumbre arancelaria funciona como un impuesto silencioso a la inversión. Simultáneamente, la geopolítica ha vuelto a colocar la energía en el centro; en las últimas semanas, la Agencia Internacional de Energía acordó una liberación de 400 millones de barriles para contener alteraciones en el mercado del petróleo. Cuando el petróleo se eleva, la inflación y las expectativas se descontrolan y los bancos centrales se vuelven más cautos.

La paradoja es que, en paralelo, nuestra canasta exportadora recibe señales contradictorias. La minería representó, por sí sola, el 59.1% de las exportaciones de bienes en Chile en 2025, con lo cual la cifra revela tanto fortaleza como dependencia. El cobre, volvió a impulsar el carro; solo los concentrados pasaron de los USD $36.000 millones y su demanda estructural, asociada con digitalización y electrificación, puede mantenerse. Sin embargo, esta bonanza es volátil; basta un cambio en China, una nueva crisis energética o un estancamiento de los socios comerciales para que el tipo de cambio y el costo del crédito se vuelvan desfavorables. El litio, por su parte, muestra que incluso los “minerales del futuro” tienen ciclos de sobreoferta y corrección.

Por lo tanto, el primer mandato económico es cuidar las anclas. Regla fiscal creíble, prioridades de gasto y claridad en las cuentas públicas son factores que definen si el país se protege o no ante los shocks. Pero la macro no es suficiente. Si la inversión continúa estancada en permisos inciertos, infraestructura lenta y conflictos socioambientales mal gestionados, los precios favorables actuales no se transformarán en capacidad de producción futura. Chile necesita transformar ingresos transitorios en productividad constante, mediante mejoras en logística, energía, capital humano, innovación y un Estado que habilite proyectos sin renunciar a estándares.

La prueba internacional del nuevo gobierno es sencilla de formular pero difícil de implementar, ya que requiere romper el ciclo de “precio alto, pelea interna y crecimiento bajo”. Si logra fusionar la disciplina macroeconómica con una agenda que promueva inversión y diversificación de las exportaciones, el orden prometido podría convertirse en confianza. Y la confianza, en un mundo inestable, es el insumo más escaso y también el más rentable de la política económica.

Manuel Chong Fuentes
Académico Universitario

OvalleHoy.cl