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*21: Así opera la sofisticada estafa telefónica que burla el pensamiento racional y vacía cuentas en el país

Un escenario de máxima urgencia, una llamada que parece provenir de su banco y una instrucción simple: marcar *21 en el celular. Ese es el inicio del engranaje de una nueva y peligrosa modalidad de fraude telefónico o vishing que mantiene bajo alerta a las entidades financieras del país.

Lejos de las antiguas llamadas carcelarias o los cuentos del tío improvisados, las bandas criminales de hoy combinan bases de datos filtradas, manipulación psicológica avanzada e inteligencia artificial para interceptar la seguridad bancaria de sus víctimas.

La trampa radica en el uso de códigos como el *21, una función legítima de las compañías telefónicas para el desvío de llamadas. Al engañar al usuario para que lo active, los delincuentes logran redirigir las comunicaciones de la víctima hacia sus propios dispositivos. Con el control de la línea telefónica, los atacantes pueden interceptar los códigos de verificación, frases de seguridad y las autorizaciones automáticas que los bancos envían por SMS o llamadas para validar transferencias de fondos.

Diego Cáceres, académico de la Escuela de Tecnología de la Universidad UNIACC, advierte que el vishing ha mutado hacia operaciones de ingeniería social de alto nivel. Los atacantes ya no llaman al azar; se presentan con un libreto personalizado gracias a la información previa que poseen de la víctima: su nombre completo, RUT, banco donde tiene cuentas e incluso registros de sus últimas compras. A esto se suma el uso de herramientas de spoofing para clonar los números telefónicos oficiales de las mesas de ayuda y softwares de IA generativa capaces de imitar voces ejecutivas a la perfección.

El éxito de este fraude no se basa en romper los sistemas informáticos de la banca, sino en vulnerar la psicología humana. La estrategia está diseñada para anular el pensamiento racional mediante la generación de un estrés extremo. Al instalar frases como «están vaciando su cuenta en este momento», el cerebro de la víctima prioriza la acción rápida por sobre la verificación. Bajo esa presión emocional, incluso profesionales jóvenes, nativos digitales o personas con conocimientos en ciberseguridad terminan cediendo ante el engaño por exceso de confianza.

Frente a la velocidad con la que mutan estas tácticas y la fatiga digital de los usuarios ante tantas alertas de seguridad, los expertos enfatizan la necesidad de romper el flujo emocional que el atacante intenta controlar. La principal recomendación es colgar de inmediato ante cualquier señal de alarma y verificar la información de forma manual a través de las plataformas oficiales. Los bancos jamás solicitarán claves, tokens ni la digitación de códigos telefónicos en una llamada; en el escenario actual de la seguridad digital, desconfiar a tiempo sigue siendo la barrera más efectiva.

OvalleHoy.cl