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Cambió Santiago por la tranquilidad del campo y ahora produce olivos y paltos en Punitaqui

Tras vivir más de cuatro décadas en la región Metropolitana, hace cerca de ocho años Ana Araya Barraza tomó la decisión de regresar a la localidad La Higuera, en la comuna de Punitaqui, para reencontrarse con sus raíces y todas las bondades que le brinda el sector rural.

Está encargada de la parcela de sus padres, un lugar donde creció, pero en el que reconoce “no sabía mucho cómo se trabajaba, ya que mi papá hacía las cosas y ahora tuve que aprender”. Posee olivos para la comercialización de aceitunas de mesa y en menor cantidad paltos.

La emprendedora cuenta que la tranquilidad y la seguridad que hay en el campo fueron los motivos por los que ella junto a su familia decidieron armar sus maletas y volver a tierras limarinas. “Esta paz no se compara con nada, es algo realmente impagable”, dice.

Durante su estadía en Santiago estudió peluquería y tomó cursos de depilación, masofilaxia (disciplina que utiliza técnicas de masaje para el tratamiento de alteraciones estéticas corporales y faciales), entre otros.

Sus deseos de aprender nuevas materias siempre fueron grandes, y así lo demostró el 2023, cuando ya radicada otra vez en su comuna natal se acreditó como usuaria del Instituto de Desarrollo Agropecuario (INDAP). Fue así que participó del primer ciclo del programa de Transición la Agricultura Sostenible (TAS) —ejecutado por INDAP en convenio con el Instituto de Investigaciones Agropecuarias (INIA)—, herramienta que durante dos años le permitió abrirse paso al mundo de la agroecología, mediante la entrega de asesorías.

 “Fue maravilloso porque adquirí más conocimientos. Yo no tenía idea de cuidar mi parcela, de cuidar mis arbolitos con productos naturales como los que nos enseñaron a hacer. Ahora tengo hasta lombriceras para obtener humus, hago bokashi y otros biopreparados, que es muy favorable porque es más barato en comparación a los insumos químicos”, señala con orgullo.

Respecto al trabajo de Ana y el impacto que ha significado el apoyo de INDAP en su vida, el Director Regional de la institución, Víctor Illanes, destaca que “el programa TAS ha sido una herramienta fundamental para que nuestros usuarios y usuarias puedan dar un salto en saberes y prácticas productivas. Para nosotros es muy significativo ver cómo una productora logra apropiarse de estas herramientas y proyectar nuevos desafíos, como la elaboración de sus propios abonos y fertilizantes”.

Ana tiene sus sueños claros: a corto plazo, espera poder elaborar su propio aceite de oliva, dando un nuevo valor agregado a su producción, considerando todo el aprendizaje adquirido este último tiempo y aprovechando sus 95 árboles.

A sus casi 70 años de edad la emprendedora dice sentirse orgullosa de ser una mujer rural y de aportar con su labor a la seguridad y soberanía alimentaria de su comuna y la región.

OvalleHoy.cl