Con más de 5.200 hectáreas en la región y el 75% concentrado en nuestra provincia, el INIA Intihuasi busca que los productores de Ovalle, Monte Patria y Punitaqui mejoren el calibre y la calidad de su fruta pese a la escasez hídrica.
La mandarina ya no es solo una alternativa; es el corazón del agro en el Limarí. Tras el retroceso de la uva de mesa, este cítrico se ha tomado los campos de Monte Patria, Punitaqui y Ovalle, pero el éxito no es gratuito. Para asegurar que la fruta local siga llegando a los mercados del mundo con el tamaño y la dulzura que exigen, el INIA Intihuasi, con el apoyo de Corfo y el Gobierno Regional, lanzó el programa «Optimización de la Producción de Mandarinas en Limarí».
El seminario de lanzamiento, que reunió a más de 100 agricultores y asesores en Ovalle, puso el dedo en la llaga: el déficit hídrico. «Consolidar esta industria es un aporte clave, especialmente por el complejo momento del agua que vive nuestra provincia», destacó el gobernador Cristóbal Juliá, subrayando que este cultivo es hoy un motor de empleo y desarrollo para nuestras familias rurales.



Tecnología para no perder ni una gota
El proyecto no se queda en la teoría. La apuesta incluye el uso de imágenes satelitales para monitorear cuánta agua necesitan realmente los árboles y la aplicación de bioestimulantes para enfrentar el clima extremo. Según Víctor Muñoz, investigador líder del INIA, el manejo en etapas críticas como la floración es lo que define si el agricultor tendrá una fruta de exportación o una que se quede en el camino.
Hoy, las plagas y los problemas de postcosecha pueden causar pérdidas de hasta un 30% de la producción, un lujo que los agricultores locales no pueden darse. Por ello, el programa llevará expertos directamente a los predios de 30 empresas productoras locales para realizar días de campo y asesorías técnicas.
Voz de los productores
Para quienes trabajan la tierra, la llegada de esta tecnología es un alivio. Beatriz Allende, productora de mandarinas Murcott en Algarrobo Bajo, valoró la instancia. «Es fabuloso, porque nos ayuda a ampliar conocimientos y conocer a otros agricultores que están en la misma. Aprendemos de lo que los expertos ya han probado en terreno».
Con exportaciones que ya superan los 131 millones de dólares a nivel regional, el Limarí busca con este proyecto no solo producir más, sino producir mejor, demostrando que, con tecnología y trabajo unido entre el sector público y privado, la agricultura limarina tiene futuro a pesar de la adversidad climática.

