Por estos días el mundo cristiano se encuentra conmemorando la Semana Santa, la cual nos invita a reflexionar sobre nuestros actos y los cambios que debiésemos realizar para acercarnos más a Cristo.
Su figura representa una dimensión específicamente religiosa pero también tiene una connotación humana, abierta a todos, con independencia del credo religioso que se profese. Ésta es una figura que ha tenido seguidores en todos los tiempos y en diversos lugares del mundo, pero también ha sido sin duda, objeto de contradicciones e incluso de persecuciones contra quienes han sido cristianos.
La Semana Santa para los cristianos es una de las fechas más importantes y significativas del calendario litúrgico, pues representa entre otras cosas, el triunfo de la vida sobre la muerte; tan es así que durante los tres primeros siglos del cristianismo la única fiesta que realmente se celebraba era la Pascua de Resurrección (la Gloriosa Resurrección de Cristo) y en menor medida Pentecostés (descenso del Espíritu Santo sobre los apóstoles). No fue sino, que con el tiempo se adicionaron celebraciones de los distintos momentos de la vida de Jesús y de los Santos, para llegar al calendario litúrgico que hoy conocemos.
Que el origen del calendario cristiano, sea en la Resurrección de Jesús nos debe llevar a reflexionar sobre nuestra existencia y sobre el valor inconmensurable de la vida (desde su concepción hasta su término natural). Semana Santa es la fiesta de las fiestas, al celebrar la resurrección de Jesucristo, el triunfo de la vida sobre la muerte, del bien sobre el mal, de la luz sobre la oscuridad.
En la actualidad la Semana Santa, comienza con el Domingo de Ramos, que celebra la entrada de Jesús en Jerusalén, para luego dar paso al Jueves Santo en donde se recuerda la Última Cena; para posteriormente a ello, enfrentarnos al Viernes Santo que es el día de la crucifixión y muerte de Jesús, para que finalmente el día Domingo Santo, éste Resucite de entre los muertos.
Cada Semana Santa, nos permite volver sobre las distintas enseñanzas que nos dejó el paso de Jesucristo entre nosotros, como fue el gesto realizado por Poncio Pilatos, que ha quedado grabado en el inconsciente colectivo de las personas culturalmente hablando, por el gesto de “lavarse las manos”, ante su incapacidad de asumir la responsabilidad personal por sus acciones. En donde en el juicio a Jesús, le hizo la pregunta al pueblo, sobre si querían soltar a éste (por Jesús) o a Barrabás; siendo la respuesta del pueblo, que se dejara libre a Barrabás que era un delincuente y se crucificara a Jesús, en quien Poncio Pilatos, no veía ningún mal, pero que igualmente cedió ante las presiones y derramó la sangre de un inocente y se excusó diciendo que el pueblo lo había decidido y no él.
Es por ello, que en ocasión de lo que se conmemora (la pasión, muerte y resurrección de Jesús) y de los tiempos difíciles que estamos atravesando como humanidad, me gustaría invitarlos a volver a leer los Evangelios para recordar, para volver a pensar, para reflexionar, para simplemente vivir mejor y para que después de esta pandemia logremos recuperar una sociedad más tolerante y reflexiva y así con ello seamos un verdadero aporte a la creación de una cultura de respeto y de dialogo, algo que en éstos momento se requiere con suma urgencia para poder no sólo sobrevivir, sino que vivir como humanidad.
Susana Verdugo Baraona.

