El sacerdote oriundo de la localidad de Paihuano sirvió, entre otras, en las parroquias de “San Vicente Ferrer” de Ovalle, “San Francisco de Borja” de Combarbalá, y “Nuestra Señora de las Mercedes” de Carén.
Este 11 de junio, el P. Juan Bautista
González Espinoza, oriundo de la comuna de Paihuano, celebró su 60° aniversario
de ordenación presbiteral. El sacerdote reside actualmente junto a una sobrina
en la localidad elquina de Diaguitas y colabora en la parroquia “Inmaculada
Concepción” de Vicuña.
Sus estudios básicos los cursó en la Escuela
Nº 22 de la Quebrada de Paihuano, luego se trasladó a La Serena para su
formación educacional media, finalizándolos en el Seminario Pontificio Menor de
Santiago. Posteriormente, estudió filosofía y teología en el Seminario
Metropolitano de Concepción y fue ordenado sacerdote por el Arzobispo Alfredo
Cifuentes Gómez en la Catedral de La Serena. Al día siguiente, un 12 de junio
de 1960, celebró su primera Misa en el templo “San Francisco” de la capital
regional.
Ante este importante aniversario sacerdotal,
tuvimos la oportunidad de conversar con el P. Juan Bautista, quien profundizó
sobre algunos aspectos de su vida ministerial y vocacional.
¿Cómo nace y fue creciendo su vocación sacerdotal con el paso
de los años?
Yo de pequeño iba a rezar con mis padres a una casa
particular, porque no había capilla en mi sector. Allí preparábamos las
novenas, incluso había un baile religioso. Celebrar la fiesta de la Virgen -en
el mes de septiembre- era lo máximo. Se llevaba la sagrada imagen desde
la Quebrada de Paihuano hasta Paihuano y durante ocho días el párroco atendía a
los fieles. En ese ir y venir se despierta la vocación. Además, el año 1944 se
inauguró la capilla en mi sector y ahí conocí al sacerdote. Surge ese despertar
en mi corazón.
Cierto día, el sacerdote preguntó -a los
niños que estaban en el lugar- que quién quería ser sacerdote. Yo, con 10 años
de edad, levanté la mano y comenzó un trabajo vocacional conmigo, que se vio
interrumpido por diversas cosas. Ya cuando me tocó confirmarme, le dijeron al
Arzobispo que tenía la intención de ser sacerdote. Él atendió mi inquietud y
comencé un camino. Ya mientras estudiaba en el Seminario, me surgía la duda si
efectivamente tenía vocación para ser sacerdote. Con mi experiencia, puedo
decir que la respuesta se va dando con el pasar de los años. Dios nos dirige.
No sólo hay que recitar los misterios del santo Rosario, sino que hay que
vivirlos y colocar todo de parte de uno.
¿En qué comunidades sirvió pastoralmente en
la Arquidiócesis?
Serví pastoralmente en diversos cargos en la
Arquidiócesis. Algunas de las parroquias fueron “San Vicente Ferrer” de
Ovalle, “San Pedro” de Coquimbo, “San Francisco de Borja” de Combarbalá,
“Nuestra Señora de las Mercedes” de Carén, “Nuestra Señora del Rosario” de
Diaguitas, “Inmaculada Concepción” de Vicuña y también en Paihuano. Siempre
procuré entregar lo mejor de mi y ser fiel al ministerio que elegí.
¿Qué aspectos de su vida pastoral destacaría y que servicios
apostólicos realizó?
En aquellos años era muy común participar en la Acción
Católica, la Legión de María o de la propia vida en las comunidades de base,
realizando igualmente un trabajo importante en la catequesis familiar.
Por cierto, algunos servicios pastorales eran conocidos con otros nombres.
Desde luego estaba el párroco, pero habían algunos otros como el vicario
ecónomo, que era el encargado de administrar los bienes, el vicario sustituto y
vicario parroquial, entre otros. Sin duda que fueron muchos servicios y en cada
uno intenté dejar un sello de servicio y transparencia.
Usted experimentó los cambios de una Iglesia pre y post
Concilio Vaticano II ¿Qué nos puede contar sobre ello?
Yo soy un convencido de que el Espíritu de Dios es el que
dirige todo. Tantos acontecimientos y actividades me reafirman que el Señor es
quien muestra el camino. Sin lugar a dudas, en aquellos años habían
diferencias. Lo importante es que la Iglesia siempre ha estado presente en la
vida de sus hijos. Nos fuimos acomodando poco a poco, porque todos los textos
estaban en latín. No fue de un día para otro, pero se dio un paso importante
para que la gente entendiera y viviera la Eucaristía de manera cercana. De
igual manera había un enorme aprecio por el Sagrado Corazón de Jesús, las
cofradías del Inmaculado Corazón de María y así varios otros. Eran hermandades que
tenías mucha vida y activaban la vida de la Iglesia en gran medida. Lo propia
hacía la Acción Católica, que por supuesto tenía su respectivo asesor que los
dirigía y educaba en la fe.
¿Algún mensaje para la comunidad que con tanto cariño lo
recuerda?
Los invito a amar a Dios y al prójimo. Amemos a todos sin
excepción, incluso en tiempos donde hay posturas e ideas tan diversas. Hay que
rezar por todos porque Jesús vino a salvar a toda la humanidad, sin diferencias
o distinciones.