Marco, el hombre de las platas en el diario, me llama para pedirme explicaciones por unas cuentas impagas de tres meses que tengo con la Compañía Telefónica.
“Me
llamaron para cobrármela a mi. Don Mario, pero si yo le pasé esa plata para que
pagara la cuenta. ¿Qué hizo con eso, ah?”, dice.
Detesto que duden de mi honorabilidad. Sin embargo le doy explicaciones.
“Marco, como padre, como cualquier chileno, tengo muchas deudas y la verdad es que
tengo miles de obligaciones y puede haber sido a cualquiera de ella. Lo único
que tengo claro es que el destino, no fue placer ni ninguna otra situación
parecida”, le digo.
Se hace un silencio al otro lado del teléfono.
“Además tengo otros compromisos importantes: la
luz, el agua , la cuota al dentista pagarle a la señora Yolita, la del almacén
del barrio” insisto
“Pues bueno, me advirtieron, don Mario, que en las
próximas horas le cortarán el teléfono, y el internet”, dice finalmente.
Eso es inquietante, desde luego, porque sin
internet no puedo trabajar. Pero mi
preocupación principal ahora es que esto no vaya a llegar a conocimiento
de los medios de la competencia. ¿Se imaginan en un titular? “A ex Director del
diario OvalleHOY le cortaron el teléfono por no pago de deuda?. Y mas abajo:
Administrador asegura que le trasfirió oportunamente los recursos para los
pagos a la empresa proveedora: “No sé que hizo con eso”.
Capaz que el Colegio, a través de la Comisión de
Etica, también inicie una investigación al respecto. O me tiren las orejas otra
vez. Reviso el wasap de los periodistas pero – menos mal – aún nada.
Le cuento a mi compadre Moncho cuando lo encuentro
comiéndose un chacarero en un local del Mercado, y él mueve la cabeza:
“Lo peor pelao, es que con esto se jode la postulación a la Gobernación
Regional el próximo año. Ahora ni siquiera te alcanzaría credibilidad para concejal”
dice.
“No embrome poh compadre, que esto es serio”.
“Ahora, ¿no habrás acosado a alguien en el trabajo,
ah?. Porque ahí si que se te pone peluda la cosa”.
“No embrome poh compadre” repito.
Y miro con envidia como ataca el sanguche, como
periodista cuando le pasan una “papita” política.
Lo cierto es que ahora voy a tener que ordenarme
mas en las platas para no incurrir en nuevos “errores contables”.
No sé como lo supo la Gorda, mi esposa, y volviendo
a la casa me ataca sin dejarme siquiera dejar las bolsas con las compras sobre
la mesa del comedor. Capaz que el mismo Marco la haya llamado.
“¿Así que te estás gastando la plata de las cuentas
de teléfono, ah?”, me larga de un solo viaje.
“No Gorda, es que tu no sabes…”
““No sabes, no sabes”… Lo que no sé es en que te
estás gastando la plata…”
Es que a ella no sabe lo que gano cada mes, y las maniobras que tengo que hacer para pagar todas las deudas. Los 8 millones que recibo en el diario no me alcanzan. Quiero repetir aquello de que “como padre de familia, como cualquier chileno”, pero ni yo me la creo.
Entonces se me ocurre recurrir a quien sabe de
esto. Cojo el telefono y marco el número de un amigo en la Cámara de Diputados:
“Aló, Francisco… ¿Cómo estás?”
Y me quedo con el teléfono en la mano, mirándolo.
Me cortó. Si para la campaña me dijo que cuando
necesitara cualquier cosa, lo llamara nomás.
¿Que hago ahora? Al Pedro ni al Matías tampoco puedo llamarlos porque, lo he sabido por la prensa, están complicaditos.
¿Y ahora que voy a hacer?
Mario Banic Illanes
Escritor