Hace unos días, estuve conversando con un grupo de colegas venezolanos, sobre la situación que aún acontece en su amada Venezuela y que producto del totalitarismo marxista, ésta se ha visto sumida en las tinieblas. Me cuentan con nostalgia sobre esos días de bonanzas y brillos de una Venezuela pujante, que hoy está muy lejos de ello.
Me comentan que se encuentran muy felices
viviendo aquí en nuestra ciudad de Ovalle, lo que es una “ganancia” para todos
nosotros, pero es una triste pérdida para un país que lo tuvo todo para
convertirse en un líder
mundial.
La conversación fluyó en torno a los valiosos aportes que han prestado y están
prestando a nuestra comunidad y ante la pregunta si pensaban volver a su país
natal en algún momento si se lograba arreglar la crisis que existe en
Venezuela, su respuesta a decir verdad, no me sorprendió; pues me comentaron
que no podrían estar en un lugar donde la discriminación está “a la orden del día”
y que lo más grave es que provendría del propio Gobierno, quien en vez de
adoptar mecanismos de mitigación, habría puesto en marcha una estrategia orientada a
neutralizar, reprimir y criminalizar tanto a la oposición política y a quienes
criticaran al Gobierno.
En ese momento dentro de la plática surgió, la cuestión de porqué y el cómo se llegó a ese punto, porqué la
Alta Comisionada de DDHH de la ONU había tardado tanto en hacer una visita, un
informe, o en definitiva de tomar medidas aunque fueran provisorias,
precautorias, para evitar o aminorar el impacto negativo que podría estar
sufriendo la población por ésta demora. Fue ahí cuando salieron a la palestra
las credenciales de la ex Presidenta Bachelet. En donde prácticamente ninguna
figura pública (salvo honrosas excepciones), se les ocurrió exponer su “prontuario” anti derechos humanos. Pues ella no sólo fue simpatizante del
Movimiento Izquierda Revolucionaria (MIR) quienes optaron por la vía armada y
la instalación de una dictadura comunista; sino que militó el brazo armado del
Partido Comunista chileno, el Frente Patriótico Manuel Rodríguez en los años
ochenta, quienes realizaban atentados en donde morían tanto civiles como militares.
Si ello fuera poco; comentábamos que a ello debíamos
sumarle que cuando Bachelet se fue a vivir la ex República Democrática Alemana (RDA) o también llamada la Alemania Comunista, ésta dijo
que nunca se enteró que las personas que de allí escapaban, se les disparaba
para evitarlo. Tampoco se enteró de la total ausencia de libertad tanto política,
económica como de expresión y puede ser por ésta última ya que no pudo
enterarse por la prensa como ha ocurrido en diversas ocasiones en nuestro país.
Además pareciera que para ella es normal que el
Estado establezca que debe y cuánto debe comer uno y sus familias, como ocurrió
con la Dirección Nacional de Abastecimiento y Comercialización (DINAC), Que a
su vez dirigía las Juntas de Abastecimiento y Control de Precios (JAP). Si ello
fuera poco tenemos los infortunados comentarios que emitió en sus viajes
presidenciales, tanto a Alemania, Vietnam y Cuba, es allí en donde nos podemos
percatar de la triste herencia en materia de defensa de la dignidad y libertad
de la persona, de los tan “manoseados” por ella y por el sector que representa,
de los derechos humanos al elogiar las dictaduras de Honecker, Ho Chi Minh y de
los hermanos Castro, que aunque lo nieguen y no lo reconozcan eso son o fueron
una dictadura de izquierda.
El viaje a Alemania en octubre de 2014 tenía un especial significado, puesto que se conmemoraban los 25 años de
que el pueblo alemán derribara el Muro de Berlín, que dividía la capital germana en una zona democrática y otra controlada por la
dictadura comunista de Erich Honecker. En aquella ocasión, la Presidenta guardó silencio y no destinó palabra alguna para condenar los crímenes y
las violaciones a los DDHH en la extinta República Democrática Alemana. Muy por el contrario, en 2006 había recordado como un
tiempo “muy feliz” su exilio en la RDA.
Así es como también en su a Vietnam, Bachelet declaró que uno de sus
personajes favoritos era Ho Chi Minh, declaración que iba más allá de cualquier
protocolo o de cualquier declaración de buena crianza. Puesto que su predilección
estaba puesta en un hombre que, como ha dicho anteriormente Joaquín Fermandois, “usó el asesinato sistemático como arma privilegiada y una vez en el
poder, ejecutó a centenares de miles, de ‘enemigos del pueblo’ y otros muchos más
languidecieron en campos de reeducación”. Esto no hace más que dar cuenta de la
personalidad mezquina, oculta, doble estándar y siniestra de quien actualmente
nos Gobierna.
Sin ir más lejos, tenemos su “famoso” gran viaje a Cuba, (uno de
tantos); donde Bachelet nuevamente omitió las violaciones a los DDHH en la isla
y descartó, una vez más, reunirse con la disidencia cubana, en especial con las
Damas de Blanco. Que son hombres y mujeres cuyos derechos han sido y son
violados sistemáticamente por un régimen que existe y que se extiende por casi
seis décadas.
Bachelet por lo tanto, no tiene autoridad moral,
ni la estampa para hablar, dictar cátedra o
ser una alta comisionada de derechos humanos, pues presenta un doble estándar
cuando nos enfrentamos a dictaduras de izquierda, quedando ésta ciega, sorda y
muda.
Deseo que pronto se arregle la situación catastrófica que están padeciendo
esos millones de venezolanos, pero mientras eso no ocurra son bienvenido a
venir a aportar y a buscar un futuro mejor, pues el suyo les fue arrancado por
el marxismo.
Susana Verdugo Baraona