Hoy está de aniversario Ovalle, mi ciudad. Una ciudad con muchos virtudes y defectos, pero es la mía y la quiero igual.
Tal vez ( lo
admito) me gustaría una ciudad con menos perros callejeros, o con mucho menos
aun comercio ilegal en las aceras.
Una ciudad con aceras
y calles mas amplias para absorber el crecimiento demográfico y el explosivo
incremento del parque vehicular.
Una ciudad con
mas parques y mas campos deportivos, y lugares en los que las familias se pudieran
reunir sin riesgos durante las tardes y las noches; y donde los niños de todas
las edades pudieran jugar y hacer deporte para crecer sanos física y
mentalmente, lejos de la violencia del alcohol y las drogas.
Una ciudad más
segura, con menos delincuencia y menos tráfico de drogas en las poblaciones.
Una ciudad más limpia y ordenada.
Me gustaría ver una ciudad que no creciera de manera tan desordenada, para arriba, para los lados, sin respeto por las normas básicas de la estética o la racionalidad. Y, peor aún, sin respeto alguno por la arquitectura tradicional, esa que levantaron nuestros abuelos y que le daban una identidad a Ovalle. Tal vez una identidad pueblerina, pero identidad al fin y al cabo.
Hoy la ciudad
crece en cantidad de nuevos edificios, de acero y espejos, de varios pisos de
altura; aumentan los galpones de fierro, calaminas e internit, con fachadas
falsas hacia la calle, para albergar comercios montados a la carrera con
capitales foráneos, que así como llegan se marchan.
Me gustaría ver
una ciudad que mire el río no como un enemigo, sino como un cómplice. Con respeto
pero sin miedo. Incorporándolo a su desarrollo. ¿O no ha imaginado un río
Limarí abovedado desde Los Peñones hasta La Chimba, comunicando la ciudad histórica y poblaciones
actuales con la de la ribera sur a través de atractivos puentes?. Una ladera
sur cubierta de conjuntos habitacionales cuyos residentes miren los atardeceres
hacia el río y hacia el norte desde sus balcones.
Es decir el
Ovalle que soñamos.
Pero para eso
tenemos que dejar de hacer las cosas de manera desordenada. Impidiendo que cada
cual levante un edificio donde y como quiere, con desapego al contexto
histórico de la ciudad . O un conjunto habitacional para cinco mil personas en
los extramuros sin correspondencia con la necesidades de esas personas en lo
que se refiere a servicios básicos, como agua, energía eléctrica, telecomunicaciones,
locomoción, etc.
Se debería pensar en un gran programa de desarrollo en el que intervengan autoridades, organizaciones sociales, culturales, deportivas y expertos, en el que se tracen las líneas para el Ovalle que queremos, en concordancia con lo que ha sido nuestra realidad socioeconómica e histórica. Es decir, mirando hacia el futuro aunque sin olvidar el pasado. Los Planos reguladores que se levantan cada lustro no han ayudado mucho en eso.
Me gustaría ver
una ciudad en la que todos trabajáramos sin divisiones ni egoísmo. O sin
aspiraciones políticas (que pueden ser legítimas, pero que a menudo obnubilan
la razón), dejando de tomar decisiones pensando en lo que me conviene a mi o a
mis intereses personales, o al de mi grupo político, sino pensando en lo mejor
para la ciudad y para todos. Asumir liderazgos abandonando los mesianismos o
personalismos, y avanzar escuchando la
voz de los que nos rodean, aunque no sean de los mismos colores.
En fin, así me
gustaría mi ciudad.
La ciudad que elegí para vivir , en la que he formado mi familia y en la que he trabajado siempre con el afán de hacer un aporte para su desarrollo y crecimiento, sumándolo al de miles de otros que avanzan en el mismo sentido.
Y los invito a
avanzar en esa dirección. Y que esta fecha sirva para renovar ese compromiso, y
no solo para festejar con discursos y desfiles.
Feliz aniversario
Ovalle. Con tus defectos y virtudes, te quiero igual. Eres mi ciudad.
Mario Banic Illanes
Escritor