“Hoy, Deportes Ovalle no está en antiguos archivos que narran su accidentada trayectoria, tampoco en un baúl que se abrirá en 100 años más, Los Verdes del Limarí, están en la mente y el corazón de muchos que estuvimos allí y que con una pasión contenida, anhelamos el momento de verle nuevamente en la cancha… cuando eso ocurra… allí estaré”.
Este fue el último párrafo de un artículo que escribí para OvalleHoy, hace ya seis años. En aquella oportunidad, la nostalgia y la pasión de antiguas hazañas deportivas se mezclaban con la incertidumbre y preocupación de una pandemia que deliberadamente nos impuso un destierro social. En ese contexto, quizás por la necesidad de escapar del obligado encierro, nació un profundo sentimiento de recuperar, lo que sentado en una dura galería de cemento me tocó vivir, el grito de gol que cientos, o miles en el mejor de los casos, sacábamos de la garganta, o más bien del alma, para celebrar un triunfo de nuestro querido Deportes Ovalle, el mismo que me ha acompañado desde niño, el mismo que me hizo esperar 10 años, el mismo que hoy renace y ocupa el lugar que se merece, el mismo y el de siempre.
No lo olvidaré jamás, aquel domingo 19 de abril de 2026 amaneció soleado, el clima pronosticaba unos 23º grados, la hora del partido estaba fijada para las 16:30, el estadio de Punitaqui era el recinto escogido, Deportes Vallenar el rival de turno, el boleto de entrada en el bolsillo de mi chaqueta, bajo ella, la camiseta verde de antiguas campañas, la cuenta regresiva había terminado y el retorno ya era una realidad.
Ya en el estadio, las emociones fueron muchas, desde el corte del ticket en la entrada, los recuerdos asomaron como una vitrina de momentos vividos en la infancia, juventud y adultez, toda una vida teñida de verde. Nos encontramos los de siempre, antiguos amigos del tablón, ahora con sus hijos, otros con sus nietos, allí me di cuenta que muchos más, al igual que yo, esperaban también este momento. Todo lo demás vino como un valor agregado, el equipo ingresando a la cancha, la hinchada enarbolando banderas, el pitazo inicial, lo demás fue alentar, listo….estábamos de vuelta.
Ese día, quizás el resultado del partido no era lo más importante, aunque siempre es valioso sumar puntos. El debut terminó 3 a 3, y me fui contento, había pasado una década y el grito de gol salió como en los tiempos buenos.
Algunas cosas han cambiado con los años, las canas comienzan a pintar el pelo, pero promesas son promesas, lo dije hace seis años, “allí estaré”, y allí estuve.
De regreso a casa por la carretera, en el ocaso de aquel día, todo fue felicidad, finalmente me reencontré con Deportes Ovalle.

